Sobre el voluntario docente

Por Melina Ciccarella.

Frente al paro de maestros/profesores planteado para las próximas semanas se presentaron en las redes sociales “maestros voluntarios”, bajo el hashtag #VoluntarioDocenteNoAlParo, quienes ofrecían dar clases voluntariamente desvalorizando el reclamo salarial de los educadores. La campaña tuvo muchas personas a favor como así también muchas en contra.

En la actualidad, las diferencias en las condiciones socioculturales en las que actúan las instituciones y los sujetos han alcanzado niveles altísimos; el Estado, siendo el creador de un espacio de sentido para la sociedad, toma un papel importante en la reconfiguración del Sistema Educativo Argentino que se enfrenta con estas diferencias a diario.

La denominada Sociedad de control (Deleuze, 1990) está atravesando una crisis generalizada de todos los lugares de encierro, entre ellos: la escuela. Los encargados de superar la crisis y de producir un cambio educativo deben restituir la relevancia cultural y eliminar las desigualdades sociales que se producen hoy en día en las aulas. Tiramonti (2004) explica que “en las estrategias escolares confluyen las demandas de las familias, las historias institucionales y la particular lectura que las instituciones hacen de su función en relación con los grupos que atienden” y, por lo tanto, las estrategias frente a la crisis de la escuela varían según el objetivo que la institución tiene para sus alumnos.

Dubet (2004) desarrolla que frente a la crisis de la escuela -y la pérdida de su valor sagrado- ésta debe ser democrática. Por lo tanto, el modelo de justicia escolar en una sociedad democrática es el de la igualdad de oportunidades y, en un país como el nuestro donde aún hay una amplia heterogeneidad en el interior del alumnado, el modelo debe garantizar una oferta escolar que sea relativamente homogénea para no seguir produciendo desigualdades.

En este esquema educativo, la vocación del docente es definitoria aún sobre su oficio. En consecuencia, como explica Dubet (2004), “el maestro de escuela primero debe creer en los valores de la ciencia, de la cultura, de la razón, de la nación, a fin de que los alumnos crean en sus creencias y en sus valores” y su autoridad, por lo tanto, está basada en estos valores ya que se lo debe respetar porque es representante de los mismos.

De esta manera, la figura del docente y su autoridad previamente mencionada también son modificadas: “El profesor deja de ser el cuerpo que contiene el saber, la figura que arbitra las voces de un juego ajeno, el de los alumnos. Para habitar las aulas actuales es necesario hacer un desplazamiento en el rol, un pasaje de docente árbitro al docente armador” (Huergo y Martinez).

Es más que claro que hay un malestar en el ámbito educativo desde todos los factores que intervienen en él. Dejando de lado el reclamo salarial, el considerar que cualquier persona está capacitada para pararse al frente de un salón y dar clases de x tema me resulta un comentario ignorante. El docente debe entender la situación conceptualmente para poder cambiarla, debe conocer los términos y el accionar necesario para salir adelante.

En las últimas décadas se produjo un cambio en la figura del maestro/profesor que hizo que cualquier persona que sabe sobre un tema se considere capaz de enseñarlo mejor, desprestigiando a aquel que estudió específicamente para enseñarlo.

Desprestigiar la lucha docente porque lleva “a que los niños no se eduquen” es totalmente incorrecto. Siendo los docentes quienes crean la base educativa para que luego los niños sean capaces de decidir por sí mismos, su tarea es esencial y debe ser bien retribuida. Ser docente no es algo que cualquiera pueda hacer, no es algo que pueda realizarse sin la instrucción necesaria. El considerar que uno puede enseñar sin todo el aprendizaje pedagógico que existe detrás de la capacitación docente solamente demuestra la falta de educación de quién está hablando.

Defender la educación es obligación de todos porque todos fuimos educados. Desprestigiar la lucha docente es error de varios que deberían sentarse a charlar con uno para informarse cuál es la situación actual del mismo. Considerarse capaz de enseñar en una sociedad en la que ser maestro va mucho más allá de la enseñanza de tal o cual fórmula es un error clave; los chicos no aprenden con un profesor que no comprende la heterogeneidad presente en el aula, que no tiene los métodos necesarios para superar esas diferencias a fin de buscar la igualdad entre los alumnos.

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