La guía del no-macho

Por Marcos Medina.

A lo largo de mi vida tuve muchas dificultades a la hora de entender las diferencias entre el hombre y la mujer que parecían estar tan inculcadas en otros. Cualquier diferencia que no sea estrictamente biológica no me cerraba y, cada vez que las cuestionaba, las respuestas que recibía me resultaban absurdas. Nadie podía explicarme la lógica de los géneros, ni la grieta que existe entre ellos.

Hasta estos días sigo teniendo problemas para entenderlos ¿De dónde salieron? ¿Por qué no podemos elegir el que nos guste sin ser juzgados?¿Por qué la gente los confunde con los sexos? Nunca me gustó la idea de cumplir con un modelo de persona para contentar a otros, siempre me resultó desagradable, lo que me llevó a tener choques constantes contra los defensores del sistema.

Me acuerdo de no poder expresar sensibilidad con mis “amigos” hombres, me acuerdo de de las burlas y las demás frialdades. Sufrí incontables experiencias de violencia verbal-psicológica e incluso algunas de violencia física. Otra curiosidad que recuerdo es que la homosexualidad era algo que los aterraba y que cualquier frase o acción que no demostrara un exceso de testosterona viril estaba directamente relacionado con esa preferencia sexual.

Gracias a estas nefastas experiencias siempre tuve mejor relación con las mujeres. Ellas tenían permitido hablar de estas cosas sin dudar de su sexualidad y lo venían haciendo desde mucho antes de que yo decida poner el pie del otro lado de la grieta y abrirme ante estos seres con los que tanto compartía. Recíprocamente, ellas se cuidaban mucho al hablar de relaciones sexuales, discriminaban a la que decía malas palabras o era peleadora y se esforzaban mucho en actuar y vestirse de una forma determinada alrededor de nosotros.

Tanto en un grupo como en el otro, notaba a mucha gente actuando tristemente en contra de su naturaleza con tal de encajar y cumplir con los estereotipos. Más adelante, junto con la madurez y otras cosas, volví a tener amistades dentro de mi género, pero mi mente ya no era la misma. Yo no iba a seguir ninguno de esos caminos tan marcados.

Les debo tanto a mis compañeras mujeres que realmente me resulta tan imposible entender que alguien pueda pensar de ellas como algo inferior, como una herramienta de placer o reproducción o como servidoras del hombre. Mi respeto hacia ellas viene de haberme sentido un igual, de haber entendido que soy un igual, de haber cambiado mi cabeza tan adaptada al patriarcado para poder comprender que la grieta era estúpida, que su lógica moral nunca existió y que por eso nunca pude encontrar una respuesta. Ahora la tengo, la grieta es otra más de esas que sirven para acomodarnos de manera productiva para el sistema que siempre es dominado por el mismo tipo de ser humano: el hombre (macho) blanco heterosexual.

Fue entonces que entendí que era un privilegiado, que sin saberlo había crecido rodeado de muchas protecciones invisibles al ojo acostumbrado. La desigualdad explotó ante mi inocente cara y la llenó de angustia e impotencia. Mi cabeza se abrió como nunca lo había hecho y se inundó de empatía. Empecé a mostrar mi descontento con el machismo, muchos chistes dejaron de darme risa, mucha gente desapareció de mi vida y nunca se me ocurrió extrañarlos. Antes de darme cuenta el feminismo se había instalado en mi cerebro.

Tengo que admitir que no fue un proceso fácil ni prolijo. Nacer en la cumbre social -donde las paredes son altas y las ventanas oscuras dejan ver tan poco de los de afuera-  y querer salir de ella es complicado. Los problemas ajenos son simplificados, ignorados o tratados como amenazas.

Los medios de comunicación sellan las puertas hacia los demás, dando falsas sensaciones de seguridad, mientras te mantengas en su exclusivo círculo. ¿Para qué ver el peligroso mundo con mis propios ojos si ellos pueden contarme exactamente cómo es, no?

Pero ahora que ellas lograron desligarme de mi cuna de laureles y vida fácil, vengo a quejarme. No vengo a quejarme de no poder demostrar mis emociones sin ser escuchado correctamente, ni de tener que pagar una entrada más cara en los boliches, ni de no poder hablarle a una chica en la calle sin ser mirado con miedo y precaución. Vengo a quejarme porque mis iguales no están siendo respetadas, porque están siendo maltratadas, violadas, traumatizadas, asesinadas, porque están siendo obligadas a seguir adelante con embarazos no deseados. Vengo a quejarme porque sigue existiendo el macho, porque la sociedad todavía es macho.

Vengo a quejarme con ellas, ayudándolas en su causa como pueda, queriendo que compartan mis privilegios hasta que estos ya no lo sean. hasta que se nivelen nuestros derechos, hasta que podamos dejar de diferenciar unas tetas de otras.

Y no vengo a pasar pidiendo “permiso, por favor y gracias” y ellas menos. Y me niego a desprestigiar el feminismo porque haya ignorantes que digan ser parte parcial de este (algunos pro-vida y otros delirantes). Y no voy a meter al feminismo en un combo de movimientos de protesta sólo para que otros no se ofendan, me gusta pelear las causas por separado, creo que es una forma más eficiente y lógica de hacer progresos.

Y por si no quedó claro hasta ahora, la idea de esto no es victimizarme, en absoluto. La razón por la que conté mi aburrida historia introductiva es mucho más simple: Estoy seguro de que existen muchos (y probablemente muchas) que se sienten como yo me sentía antes: confundidos, conflictuados, culpables en su comodidad social. Quiero decirles a todos ellos que, aunque la grieta dé miedo, vale la pena cruzarla y ayudar a taparla. Mi intención es aconsejar (a los que lo deseen) en su camino hacia la moral, para que todos podamos ser compañeros a la hora de protegerla.

Creo que puedo hablar por algunos -y espero que cada vez por más- de nosotros cuando digo que va a ser un honor acompañarlas a ellas en su incansable lucha.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s