La lucha conjunta

Por Rocío Putero.

Sí, el feminismo estaría siendo objeto de constante debate últimamente. Sí, los reclamos van desde el famoso #NiUnaMenos al bastante repudiado (por aquellos que no parecen entender sus verdaderas motivaciones) #tetazo ¿Por qué decido “hashtagear” estas palabras? Porque lo que parece importante en estos momentos es el impacto mediático que tienen todos estos hechos, restándole así atención a su verdadera profundidad.

Sin embargo, hoy no escribo para debatir acerca de la modernidad líquida en la que vivimos, rodeados de hashtags y tendencias y sumidos en fanatismos irremediables que nos enfrentan entre nosotros, la mayoría de veces sin sentido alguno. Hoy me siento a escribir particularmente porque, entre la lluvia de videos, fotos, discursos y estados en la que me encuentro inundada, hay un video que me llamó la atención: la nota sobre los momentos de tensión con los hombres en el #tetazo del Obelisco.

No hace falta que describa lo que sucede en el video, lo que sí me siento con necesidad de debatir es esta idea de que el hombre no pertenece y no tiene un lugar en la lucha feminista.

El feminismo, desde sus inicios con las primeras sufragistas e intelectuales que formularon críticas a la declaración de los derechos del hombre y el ciudadano, producto de la revolución francesa de 1789, tiene distintas vertientes. Sin embargo, no existe ninguna razón para creer que el hombre no tiene nada que hacer con los postulados de este. Hay distintas oleadas feministas y, en la actualidad, es un movimiento de reivindicación tanto política como social para la mujer que lucha por la igualdad, una igualdad que lentamente se trata de conquistar, pero no podemos conseguirla solas.

No podemos solas no porque seamos el sexo débil o porque no tengamos el intelecto, la fuerza o la voluntad. No podemos solas porque el mundo en el que vivimos, este mundo que tanto nos esforzamos por cambiar, es producto de la cultura patriarcal. Sí, me puse específica, pero solo porque este término es indispensable para comprender por qué los hombres también tienen que formar parte del cambio.

No voy a explicar en qué consiste la cultura patriarcal, solo voy a decir que como tal inculca desde la educación y las instituciones sociales una percepción de la realidad y se arraiga en las personalidades de todas las generaciones que sin poder evitarlo la han adoptado. Tu mamá, cuando te hace lavar los platos a vos y tu hermano se queda mirando la tele con tu viejo, está fomentando la cultura patriarcal. Tu novio, cuando piensa que te tiene que pagar todo porque sos mujer, está fomentando la cultura patriarcal. La cultura patriarcal, como bien dice el término, no es algo que generan los hombres, es algo cultural, arraigado e instalado en todos los ámbitos de la sociedad, desde la familia al trabajo o la escuela, por ende, está en todos nosotros luchar para erradicarla.

La cultura patriarcal instala en la sociedad distintas maneras de percibir el género. El hombre es fuerte, provee, no llora y usa color azul. La mujer es femenina, maternal, sumisa y le gusta el color rosa. Estoy haciendo una burda generalización para dar a entender una imposición social que nos acompaña desde que nacemos. Desde que mi cuna es rosa y mi juguete una Barbie me están, sin quererlo, influenciando a ser de una determinada manera.

Dicho todo esto ¿Por qué el varón, según mi visión, debe ser incluido en la lucha? Pues justamente porque es una lucha conjunta. Si a un chico de doce años que se le ocurre hacer danza lo van a tildar de “maricón”, a un pibe que se larga a llorar le van a pegar, a una chica que le gustan los deportes le dicen marimacho, algo nos está indicando que los estereotipos y las concepciones de género nos influyen a todos. Esto forma parte de la misma cultura patriarcal y las formas y estereotipos que ésta instaura en la sociedad.

Más allá de eso, tu marido, tu hermano, tu tío o tu mejor amigo pueden sensibilizarse perfectamente con tus inquietudes, con tus miedos como mujer. Y esa es la idea. Mientras más hombres entiendan el concepto real de feminismo y simpaticen con una lucha que nos involucra a todos, mas somos para transformar la realidad en la que vivimos. Si seguimos excluyendo y polarizando un movimiento que desde sus inicios aboga por la igualdad, lo único que vamos a lograr es generar odio e ignorancia.

Si vamos unos 250 años atrás en la historia, nos vamos a encontrar con la figura de Mary Wollstonecraft, una de las primeras teóricas del feminismo; ella luchó por la vindicación de los derechos de la mujer y por como las diferencias entre géneros no eran producto de la fisiología sino de la educación que se le daba a cada uno. Irónicamente, su mayor apoyo en la lucha fue su marido.

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