Carta a mi yo antifeminista

Por Belén Borelli.

El capitalismo no entiende el feminismo. Eso es un hecho.

Se avecina el día de la mujer y el marketing explota. Entrás al Abasto a mirar vidrieras y ves a los comercios “festejando” la fecha alusiva con ofertas de descuento para mujeres. “VENI CON TU AMIGA Y FESTEJEN EL DIA DE LA MUJER CON UN 2×1 EN DEPILACIÓN” “50% OFF EN ROPA INTERIOR PARA QUE CELEBRES TU DÍA JUNTO A TU PAREJA”

Y, de repente, el día de la mujer no se volvió un día de lucha y reflexión, se volvió una fecha consumista como San Valentín y Navidad reafirmando, así, mi teoría de que el consumismo y la máquina capitalista no entiende sobre feminismo, como yo a los 17 años en el último año de la secundaria.

Siempre me gustó luchar por lo que quiero y siempre llevé mis ideales a todos lados como bandera. No me pasaba con el feminismo. De repente, comenzaba a leer la frase “movimiento feminista” en todos lados. Y yo no entendía, pero quería entender.

“Muy copado lo que plantea el feminismo pero no debería llamarse igualismo?”

Sí, yo pensaba que el feminismo no me representaba.

Sí, yo pensaba que el feminismo era lo mismo que el machismo.

Yo no entendía nada.

Tan sólo una víctima de la sociedad patriarcal en la que vivimos.

Una vez leí que nunca te das cuenta lo intoxicadx que estás hasta que respiras aire fresco. Bueno, estaba perdida en una nube de humo machista, en una nube de humo donde la mujer es menos que el hombre y te la tenes que bancar porque es así. Es lo que te toca, Belu. Superalo. A vos te encanta querer cambiar el mundo pero sabes que con esto no podes, ni te gastes. Dejalxs.

Era el año 2015, cuando yo arranqué la facultad pública y me cambió la cabeza por completo. Fue el año que las mujeres dijimos basta y así nació el movimiento Ni Una Menos. Fue el año que una amiga me preguntó si me veía en la marcha en el Congreso de la Nación en la Ciudad Autonóma de Buenos Aires y yo le dije que “no me cabían las marchas”. Fue el mismo año que recuerdo haber dicho “¿Pero por qué no ni una persona menos? Si nadie merece morir”. Porque sí, yo también decía basta por nosotras, pero ¿por qué no podía decir basta por los demás que no entraban en esa brecha?. Fue el mismo año que se filtró una entrevista al entonces candidato a presidente decir que “a todas las mujeres nos gustaba que nos digan piropos en la calle”.

Fue el año que esa nube me asfixiaba más y más. Escapa de ahí. Corré.

Hasta que un día respiré aire fresco. Y todo cambió, para bien.

No, Belu. A nosotras no nos matan porque sí, nos matan porque para los hijos sanos del patriarcado somos el sexo débil y odian que seamos libres, nos matan porque nos quieren sumisas y obedientes y, como nunca van a conseguir que lo seamos, matarnos es la única opción.

¿Te acordas de esa vez, a tu catorce años, que fuiste a una matinee por primera vez con tus amigas del colegio? Te tocaron el culo esa vez. Te tocaron sin consentimiento y tenías tan sólo catorce años. Eras una nena. Eras una nena y pensaste “bueno, capaz esto es algo normal y es lo que me toca por ser mujer”. No, Belu. Que sea algo impuesto en una sociedad patriarcal no significa que sea aceptable.

No fue aceptable que a una de tus amigas del colegio la hayan querido subir a un auto hace dos años a diez cuadras de tu casa.

No fue aceptable que hace una semana a una de tus mejores amigas la hayan querido tocar por abajo de la pollera en el tren.

No fue aceptable cuando escuchaste en la calle a dos hombres decir “Las pibas de ahora son todas rapiditas, después bien que se quejan si aparecen todas violadas”.

No fue aceptable cuando leíste a alguien en Facebook decir “Si abrieron las piernas que se jodan por putas”.

Fue en octubre del año pasado cuando Lucía Pérez, la adolescente de 16 años de Mar del Plata, fue empalada. El miércoles 13 de octubre se convocó al primer paro de mujeres en el país y yo quería ir, pero no podes Belu, tenes que cursar Comunicación I los miércoles. Ese día en el laburo yo no paré. Y ahí entendí muchas cosas. Hay gente a la que sinceramente no le importa. Hay gente que nunca va a entender que la igualdad de género se consigue luchando, no siendo la víctima de un sistema opresor.

Sí, ese día me vestí de negro, pero no era lo mismo. Yo quería estar en Plaza de Mayo con mis amigas mientras luchaba por algo que, tristemente, siendo siglo XXI tenemos que seguir gritando. Ese día llovía, y si bien a veces el clima suele imposibilitar cosas, les juro que ese día fue lo de menos.

Ese viaje en tren desde la estación de Lomas de Zamora hasta Plaza Constitución no me lo olvido más. Cada mujer que entraba a la formación del Tren Roca estaba vestida de negro. Había un silencio raro en el aire ese día. Pero no raro para mal, sino todo lo contrario. Era un silencio lleno de convicciones, de lucha, de llevar como bandera los ideales de cada unx.

No volví siendo la misma persona de esa marcha. Era como si le estuviera tapando la boca a la María Belén de diecisiete y dieciocho años que creía que las marchas no eran lo suyo. Es que no, Belu. A nadie le gustan las marchas si las miras a través de una pantalla mientras estás en el sillón de tu casa. A las marchas no te vas a divertir, a las marchas vas a luchar. Al Paro de Mujeres vas a gritar por las que ya no tienen voz. Al Paro de Mujeres vas a gritar por cada vez que una chica es obligada a hacer algún favor sexual a un jefe para poder recibir un ascenso. Al Paro de Mujeres vas a celebrar que las mujeres podemos votar, pero también vas con la impotencia a flor de piel porque a pesar de poder tomar decisiones políticas, aún así muchas personas piensan que no podemos ser el sostén de la casa. Al Paro de Mujeres voy a luchar por mis amigas que fueron acusadas de trolas por otras mujeres por querer estar con las personas que ellas querían.

Al Paro de Mujeres vas a hacer historia. Y yo espero que hoy hayamos hecho historia una vez más. Estuvo el Encuentro Nacional de Mujeres en Rosario el año pasado, estuvo la Women’s March en Estados Unidos en enero, pero hoy fue diferente. Hoy la Tierra tembló, y tembló tanto tanto que estoy segura que lo que ocurrió en la jornada no se va a olvidar así como así. Hoy le probamos al sistema que, una vez más, podemos organizarnos para que haya un mundo más justo.

Pero esto no termina acá, así que lxs veo en la próxima convocatoria. Lxs veo en el Obelisco, en el Monumento Nacional a la Bandera o en otro continente. Lxs veo donde y de la forma de que sea, pero lxs veo haciendo la diferencia para poder destruir el sistema patriarcal que nos gobierna.

Ni una menos

Vivas nos queremos.

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