¿Por qué a mí?

Por Martina Donamari.

Tenía quince años cuando decidí salir con mis amigas a bailar esa noche y tres eran las cuadras que existían entre el mini y el boliche.

Durante toda mi vida tuve la suerte (si es que así la podemos llamar) de vivir en una casa donde las tareas se distribuyen equitativamente y donde ninguno es mejor que el otro sin importar de donde vengas, tu sexo, tu orientación sexual, tus preferencia y/o tu color de piel. Tal vez haya sido por eso que era totalmente ajena a lo que podía llegar a suceder.

Decidimos hacer esas cuadras caminando ¿que podía llegar a salir mal, no? Yo venía última en el grupo cuando empezamos a notar que se nos acercaba un hombre de unos cuarenta años aproximadamente. Una se pone alerta. Pasa a mi primer amiga, a mi segunda, a mi tercera, me pasa a mi; respiro, ya todo está bien… cuando siento su mano por debajo de mi pollera.

Me paralizo. Fue un segundo, pareció más ¿Qué hago? Si le grito o lo insulto tal vez vuelve y puede ser peor. Decido callarme y lo dejo pasar. Lo dejo pasar por vergüenza. Vergüenza por haber estado caminando a esa hora de la noche, sola y con 15 años. Por haber estado usando pollera y una colaless debajo. Por haber estado maquillada y con tacos. Por estar yendo a un boliche de mayores y haber tomado sin tener la mayoría de edad. Porque fue mi culpa.

Me llevó mucho tiempo entender que no fue así, que haber tenido puesta una minifalda no le daba el derecho de hacer lo que hizo. Sin embargo, hasta el dia de hoy, tengo miedo cada vez que salgo a la calle sola, sin importar el horario ni el dia ni el barrio en el que esté. Porque por cada “piropo”, como ellos lo llaman, me vuelvo a paralizar y sentirme indefensa como la adolescente de quince años esa noche.

Por todo esto y por mucho más, seguimos saliendo a las calles a pelear por nuestros derechos, a hacernos oír, a hacerle frente a un sistema que ve nuestros cuerpos, y a nosotras, como máquinas de reproducción, un sistema que piensa que somos de propiedad masculina y que, por eso, pueden tocarnos y hacernos lo que quieran sin nuestro consentimiento.

Por esto, salgo yo a la calle: por lo que me paso hace años y por lo que me puede llegar a pasar a mi y a cualquier otra mujer en el futuro si esto sigue así. Para que ninguna otra mujer tenga que preguntarse “¿Por qué a mi?” como me lo pregunte yo esa noche.

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