Se respiraba esperanza

Por Ivana Ortiz.

Se respiraba esperanza. Esperanza mezclada con ira, con angustia, con desesperación.

Un pedido de paz, de igualdad que anhelaban llegar a ver.

Empujadas por un alud de injusticia marchaban, gritaban, cantaban, cada una de ellas movidas por una circunstancia distinta y que sin embargo las unía a todas. “Basta Ya! Vivas nos queremos”

Columnas de mujeres avanzaban por la avenida Entre ríos, acompañadas con gritos de justicia e igualdad. Miles caminaban por sus futuros, buscando desesperadamente un cambio, aferradas al ideal casi utópico del respeto, motivadas por el levantamiento de millones a lo largo y ancho de todo el mundo. Italia, Brasil, Uruguay, Estados Unidos, Chile. Un eco de 50 países.

8 de Marzo, Día internacional de la mujer. Durante la fecha en donde se conmemora la lucha por la participación de las mujeres y la igualdad, se organizó una marcha de mujeres a nivel internacional. En nuestro país la convocatoria fue masiva, desde el Congreso de la nación marcharon madres, abuelas, hijas, trabajadoras, mujeres idealistas y revolucionarias, grupos sociales, asociaciones con banderas políticas, organizaciones de derechos humanos y víctimas de la creciente violencia de género que ocurre en nuestro país. Bajo la consigna de “Ni una menos” nuevamente las mujeres alzaron su voz y se hicieron protagonistas de la escena.

“Por las que no están, por vos, por mí, por todas.”

Lejos de la indiferencia, la marcha generó opiniones de todo tipo, negativas, positivas, a favor o en contra. A pesar de las diferencias de opiniones y la ignorancia de muchos, difícilmente este día sea un cuentito anecdótico más en la historia de la revolución feminista.

Los valores e ideales expresados empiezan a generar preguntas, reflexiones y planteos frente a todo lo que alguna vez estuvo naturalizado: el rol de la mujer, el monopolio del poder concentrado en las manos de un patriarcado criado por mujeres abnegadas, calladas y respetuosas desde el principio de los tiempos. Se empieza a romper la cadena de lo natural para dejar el paso a una nueva historia de mujeres independientes, trabajadoras y luchadoras.

Sin embargo, un capítulo de la realidad fue omitido. Ya caída la noche, cuando los focos iban dispersándose, un grupo de policías de la Ciudad de Buenos Aires reprimió a un grupo de jóvenes mientras comían pizza y algunas de ellas bailaban. El operativo comenzó a la medianoche; recién esta mañana fueron liberadas. Un operativo que difícilmente llegue a los ojos de nuestra sociedad, difícilmente se exponga. Es más fácil, mucho más fácil, hablar de lo descontroladas y locas que están las minas que andan haciendo quilombos en la plaza. Es muchísimo más fácil no mostrar que dar explicaciones. Es más sencillo agarrar a un grupo de mujeres mientras cenan que enseñar a respetarlas cuando dan su opinión.

20 mujeres fueron detenidas, golpeadas y maltratadas sin motivo alguno inmediatamente después de haber pedido por justicia y un freno a la violencia de género en el país. La ironía es enorme. Entre las mujeres arrestadas, había menores, según lo confirmó el Consejo de la Magistratura de la Ciudad. ¿Quién puede avalar o justificar estos hechos?

Mujeres que luchan, que levantan la voz cuando todos miran para un costado. Mujeres que asistieron y defendieron sus propias vidas así como la de todas . Y ¿Cúal fue la respuesta? Golpes y arrestos ilegales. Maltrato y gritos. Abuso de poder y violencia. La historia que todas estamos queriendo reescribir, se repitió y las víctimas volvieron a ser las mujeres que levantaron su voz.

Testigos filmaron los acontecimientos y lo difundieron a través de las redes sociales porque todas entendemos la impotencia, porque ante el poder ¿qué se puede hacer? La respuesta es hablar, no callarnos, no aceptarlo. Podemos hacer lo único que ellos no quieren vernos hacer y es hablar, gritar, mostrar la injusticia hacia mujeres como nosotras, como cualquiera de nosotras, como TODAS nosotras. Hablar para que no quede impune, para que se corra la voz, para que el grito desesperado de nuestras compañeras no quede olvidado.

Fácticamente, ellos tienen el poder, pero en nosotras queda la revolución. Y, por lo tanto, el futuro.

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