Detrás del micrófono

Por Leandro Morgoux.

Es momento de admitirlo; el rock siempre fue, es, y será un misterio. Pero usted debe seguramente preguntarme: “Leandro, ¿cómo puede algo tan explotado, revisitado como concepto y sobreexplicado como el rock, ser un misterio?”

Bien, esto va más allá del rock como género musical per se. Para explicarlo, voy a poner un ejemplo con el que todos se van a poder identificar: cuando uno está por consumir un alimento, usualmente va a analizar de dónde salió, quién lo hizo, cómo y bajo qué condiciones. Y tiene un ‘gustito’ especial cuando viene de alguien con quien tenemos un fuerte vínculo; la famosa comida de la abuela, de la madre, de ese tío gracioso que vemos rara vez y que cocina como los dioses.

Hace ya una buena cantidad de años que extrapolé este mismo concepto al mundo de la música. Antes de saber si las canciones de cierto artista o grupo son de mi gusto, me encargo de explorar muy profundamente la personalidad, las ambiciones, la filosofía y la postura ideológica en general de los artistas que compusieron dichas canciones. Esto abrió un amplio espectro de ‘sabores’ en las piezas musicales que ahora degustaba con el saber qué tipo de manos me habían entregado tal o cual canción.

Todo este proceso de conocer al artista detrás de las cuerdas, parches y/o micrófonos, toma su tiempo y puede haber fallas y aciertos; pero el cimiento principal es construir admiración para con el artista elegido. La música es gran parte de sus vidas, y las baladas que entregan, un fragmento de sus conocimientos, experiencias, momentos que quisieron plasmar melodiosa, armoniosa y rítmicamente.

Todos estamos de acuerdo en que la música es un mensaje, y que cada uno decodifica el mismo según su forma de ver las cosas. Los mejores ejemplos son la subcultura punk, un grito crudo de rebelión juvenil contra las autoridades opresivas, donde la musicalidad pasaba a un segundo plano; el reggae, que en su off-beat y carismáticos front-man se alzó como estandarte para representar popularmente el movimiento rastafario que precisaba el medio para divulgar sus creencias; o el mismo pop, que supo hasta el día de hoy tomar un cuerpo puro y dar una identidad a tanto jóvenes como adultos.

Ciertamente, hay un mensaje claro dentro de cada género, imágenes que saltan a la mente con tan sólo nombrarlos. Este mismo concepto es aplicable a artistas y grupos individuales. Incasillables. Y curiosamente, este último adjetivo me da pie a desarrollar sobre mi grupo favorito que ejemplifica mejor que nadie esta noción: Rush.

“Qué género asignarle? Quién suena como Rush? Qué tipo de banda es Rush? …es Rush.” – Gene Simmons, ’Beyond The Lighted Stage’, 2010.

A partir de este párrafo, estimadísimo lector, lo aliento a que revuelva los baúles de los recuerdos en su cabeza, saque hasta la última pieza musical que haya sido de su gusto y téngala presente. Si es que ya no lo ha hecho, -desde mi perspectiva con Rush- quiero que me acompañe y redescubra a quien parecía ser su artista favorito. Si tengo éxito, para el final de este artículo, usted va a tener ganas de conocer más a fondo al músico detrás de la canción pegadiza o de buen ritmo, tanto como yo.

“Hay algo en ellos que es muy puro, sincero y honesto. Eso es lo que más importa.” – Trent Reznor, ‘Rush’s Rock&Roll Hall Of Fame Induction’, 2013.

En este trío canadiense sobran los halagos y los títulos honoríficos. Con 42 años de carrera bajo el mismo nombre, miembros, y musicalidad que sólo conoce evolucionar, además de numerosos premios y reconocimientos como los destacables Oficiales de la Real Orden de Canadá, miembros del Salón de la Fama del Rock’n Roll, propietarios de la llave de la Ciudad de Toronto, entre muchos otros (cerca de 200 más), no hace falta decir que hay algo grande entre manos.

La grandeza habla por sí misma y este no es un concepto extraño para Rush. Su humildad y honestidad son claras incluso en sus canciones, como se ejemplifica en la letra de ‘The Spirit Of Radio’:

“Toda esta maquinaria haciendo música moderna, aún puede ser de corazón abierto.

No tan fríamente trazada, es realmente una cuestión de tu honestidad.

A uno le gusta creer en la libertad de la música; pero premios brillantes y un sinfín de compromisos rompen en pedazos la ilusión de la integridad”

“Recuerdo ver en la contratapa de ‘2112’ que el álbum estaba dedicado al libro ‘El Manantial’ de Ayn Rand, así que al día siguiente fui a una librería y lo compré. ¿Cuántas bandas de rock hacen que un niño de 12 años se interese por la alta literatura?” – Sebastian Bach, ‘Beyond The Lighted Stage’, 2010.

Estas letras que no trataban de amores adolescentes, drogas, o una explosiva vida nocturna, golpearon como un martillo la vida de aquellos jóvenes que no se veían reflejados en unos ’70 donde la imagen y popularidad parecía serlo todo.

Las letras de esta banda que nació de la admiración por la música de unos jóvenes veinteañeros se presentaban en una diversidad que nunca se había visto. En formatos de letras cortas, largas, en suites de más de 20 minutos que ocupaban todo un lado de un álbum, canciones sobre cansadoras jornadas laborales, con enfoques sociales realistas (particularmente de la juventud), futuros distópicos, o de un príncipe peleando a muerte con el portero del Inframundo, la lírica de Rush cubre todos los gustos y asegura no aburrir.

Es especialmente el foco que Neil Peart puso sobre la problemática del ‘apartado social’ en sus letras el que les dio una fanbase inigualablemente leal, obsesa, apasionada y de culto. Al preguntar a un fan de Rush qué es lo que siente al escuchar su música, es que las letras están dedicadas a ellos y que ‘pareciera que les están hablando en la misma habitación, de igual a igual’.

Este reflejo de ellos mismos arrancó en una cúspide que nunca vio un descenso, por el mismo entusiasmo de los fans. El mejor ejemplo, es la letra de ‘Subdivisions’:

“Al crecer todo parece ser tan unilateral, tus opiniones han sido previstas y tu futuro pre-decidido, separado y subdividido en la zona de producción masiva.

En ningún otro lado puede el soñador o el rebelde sentir tanta soledad. En las aulas de colegio, en los centros comerciales, lo aceptás o te vas expulsado.

En los bares de los sótanos, en el asiento trasero de los carros, sé cool o te vas desterrado.

Cualquier escape puede ayudar a disimular la horrible verdad, pero los suburbios no pueden apaciguar los inquietos sueños de la juventud.”

Este fue el ‘enganche’ que llevó a la gente a obsesionarse y querer conocer más de la banda, saber quiénes eran las personas detrás de esas canciones que parecían entenderlos a la perfección, en las que encontraron la paz interna para sobrellevar una vida distinta y saber que entre otros admiradores, había gente como ellos; es este el núcleo de mi artículo y concepto, había letras sinceras, gente que abrió su corazón para tomarlas, y encontraron en el artista una mano comprensiva a través de su expresión musical.

Y cuando investigaron, descubrieron un universo humanamente inexplicable de musicalidad.

“Si podías aprender a tocar sus canciones, era el último escalón de todo lo que se podía aprender musicalmente. Cualquiera que logre la más mínima proficiencia en esas canciones, ya está listo para aprender a tocar prácticamente cualquier cosa.” – Jimmy Chamberlain, ‘Beyond The Lighted Stage’, 2010.

Voy a ser muy directo en cuanto a la percepción sobre el power-trio más influyente de la música. Cada uno de ellos es reconocido como un legítimo maestro en su/s instrumento/s.

Alex Lifeson hizo llegar su nombre con mucho derecho entre innumerables listas de los mejores guitarristas, ‘pisando los talones’ de maestros del mismo instrumento como Jimmy Page (Led Zeppelin) o Brian May (Queen) .

Geddy Lee es visto con frecuencia como un hombre orquesta, ya que desde el mismo comienzo de su carrera supo incorporar numerosos instrumentos principalmente en presentaciones en vivo; bajo, órganos, sintetizadores, pedales para los previamente mencionados y sumado a ésto, cantar las letras para nada fáciles de recordar de Neil Peart.

Y hablando de este último, Neil Peart, no hay palabras para describir su genio y musicalidad. Cuando bateristas legendariamente renombrados del ambiente de la música te conocen por el apodo de ‘El Profesor’ no hay mucho que decir. Trayendo a colación una cita del homenaje de Taylor Hawkins a Peart:

“Este hombre gestó una generación entera de bateristas que durará décadas; con su composición, construcción y técnica, su forma de tocar escribía música por sí misma. Era tan musical y tan melódica como cualquier otro instrumento de la banda, llevando la batería al frente de cada canción, donde pertenece.”

Para músicos de todos los tipos de habilidad, las canciones de Rush son un claro desafío. Desde canciones con simple patrón rítmico como ‘The Pass’ o complejísimas obras con numerosos cambios de tiempo como ‘Cygnus X-1’ o ‘2112’, eran un reto a la consistencia, resistencia, y musicalidad del intérprete desafiante que decidía levantar un par de baquetas, una púa o los dedos para un teclado.

Dentro de sus canciones, incorporaron desde muy temprana edad en su carrera el concepto de ‘cinemática’, donde los instrumentos cumplían la función de transportar al oyente al ambiente, a la historia, o a la piel del protagonista de la letra o melodía a través de imitar los particulares sonidos correspondientes o representarlos de determinada manera con efectos o su manera de tocar para generar una ‘imagen mental’. Sólo algunos ejemplos de esto son los gruñidos de un perro en la canción ‘By-Tor and The Snowdog’, sonido de motor de auto en ‘Red Barchetta’, jugar con los tiempos durante determinados sectores de ‘2112’ para acompañar la historia y la velocidad en la que se desarrollaba la trama, o lo que Peart define como “un ambiente de despedidas, reencuentros, vuelos, adrenalina y emociones de aeropuerto” en el instrumental ‘YYZ’.

Esta complejidad, honestidad, y musicalidad me llevaron a enamorarme de la banda, y a apreciar más allá de lo que las canciones significaban para mí. Ya no es sólo música, es parte de mi vida, y la conozco como tal. Espero que en estas palabras, usted estimado lector/a, encuentre la misma pasión y se lleve una gratísima sorpresa con las vidas de aquellos artistas que musicalizaron momentos y épocas específicas de su vida.

El rock seguirá siendo un misterio, y aunque me gusta que permanezca de esa manera, ya tengo mi llave para descifrarlo; vos?

Encontrá a Leandro en:

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