Parálisis del sueño

Por Gala Miguel.

Había dejado la oscura habitación hacía tan solo unos segundos, cerré los ojos y me sumergí en un sueño que creía haber sido muy profundo pero que, al despertar siguiente, se sintió de tan solo unos segundos.

Poco recordaba de la pesadilla que había tenido momentos antes de despertar. La habitación seguía igual de oscura que antes, igual de silenciosa, pero a diferencia de cuando me fui a dormir, no se encontraba igual de solitaria.. alguien se posaba a mi lado.

No pude ver bien qué me acompañaba esa noche, intenté girar la cabeza y taparme con las sábanas pero mis músculos parecían entumecidos, inmóviles, muertos. También intenté hablar, gritar o tan solo preguntar qué estaba pasando, pero de mi boca no salió ni siquiera un suspiro. Quise librarme de la presión que sentía sobre mis tobillos y hombros, pero me di cuenta de que nadie estaba siquiera tocándome.

El ángulo en el que reposaba mi cabeza solo me daba una visión muy limitada de lo que era mi habitación; con la cabeza mirando hacia arriba y los ojos intentando recorrer lo que era en realidad mi pieza, solo podía ver la pared que estaba pegada a mis pies y una leve sombra que se posaba a mi lado, alta, imponente, oscura.

La quietud de la habitación era terroríficamente insoportable y aquella silueta que me vigilaba parecía ser mi única compañera en la noche. En esos instantes sentí como si fuéramos las únicas almas en esta tierra negra, muerta. El tiempo se volvía cada vez más lento, era como si un reloj se derritiese sobre mi, como si estirasen los segundos como chicle fresco, a punto de cortarse, pero colgando largo como una eternidad.

Otra vez intenté moverme y otra vez fallé en el intento, aquella figura lúgubre me incomodaba simplemente con su presencia, sólo la note moverse cuando entró a la habitación, pero, una vez plantada a mi lado, no volvió a mover siquiera sus ojos, que fijos en mí me penetraban hasta los huesos, logrando en mi boca un gusto metálico que sabía a sangre, a tierra húmeda.

De repente algo cortó el silencio, una voz comenzó a deslizarse despacio en la habitación, un susurro justo detrás de mis oídos me decía con voz hueca y espeluznante algo que no pude retener, quizás por el miedo, quizás por los nervios o porque quiso que así sea. Mi boca se volvió a secar y sentí como un escalofríos nacía desde mis talones para recorrerme cada vértebra de mi espalda y morir finalmente en los cabellos de la nuca que comenzaban a erizarse filosos, frenéticos.

Aunque mi mente seguía confundida y petrificada, intenté una vez más mover mis brazos, al menos un dedo. Haciendo fuerza hasta sentir que mi pecho se cerraba, empujé con mis manos algo que parecía ser plomo pero que tan solo era aire y, justo cuando pensé que no volvería a despertar, mi cuerpo soltó toda la fuerza contenida y descargó en un simple movimiento un manotazo ahogado que alcanzó para ahuyentar a aquel espectro que ya ahora lejos estaba de la realidad, pero podría haber jurado que llegó a rozarme el sueño.

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