Enséñame a volar

Por Victoria Pasqualis.

¿Alguna vez te sentiste como una hoja, que lo único que hace es volar impulsada por la brisa del viento? Aunque esto no te lleve a ningún lado en particular, vos sólo te sentís como un ser diminuto, inmerso en algo desconocido.

Quizás durante el recorrido hayas tu refugio, ese lugar, ese momento, en el que te sentís vivo. Donde el viento deja de soplar y todo se transforma en paz. Pero casi sin notarlo, poco a poco, te dejas de sentir cómodo. Esa paz, esa felicidad, se transforma en un sentimiento inestable y desconocido. El viento vuelve a soplar y te sentís más diminuto que nunca.

Después estás solo bajo la tormenta y a nadie parece importarle. No tenes ese abrazo, ese consuelo, esa seguridad. Aquel sitio donde te sentías a gusto pasa a ser desconocido. El viento comienza a ser más y más fuerte, mientras más sopla, más te pierdes y más difícil es ver el final del camino.

Hoy yo soy esa hoja. Sigo volando en este camino de idas y vueltas, con la esperanza de que al final del recorrido, el viento se calme y que con él yo también pueda encontrar mi lugar.

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